El hígado graso —hoy renombrado formalmente como MASLD (Metabolic dysfunction-Associated Steatotic Liver Disease, o enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica) en un consenso internacional de 2023 que reemplazó el término anterior, NAFLD, para reflejar mejor su origen metabólico (Rinella et al., 2023)— es la acumulación de grasa en el hígado no explicada por consumo significativo de alcohol.

Por qué es, ante todo, una señal metabólica

El hígado graso está fuertemente asociado a la resistencia a la insulina: el exceso de insulina circulante favorece la acumulación de grasa en el hígado, y el hígado graso, a su vez, empeora la resistencia a la insulina — otro círculo que se retroalimenta, similar al que ocurre entre insulina y andrógenos en el SOP. Por eso, encontrar hígado graso en una ecografía es, casi siempre, una oportunidad para revisar la salud metabólica en conjunto, no un hallazgo aislado del hígado.

Cómo se diagnostica

  • Ecografía abdominal, habitualmente el primer estudio donde se detecta, muchas veces de forma incidental.
  • Análisis de sangre: las transaminasas (ALT/GPT y AST/GOT) pueden estar elevadas, aunque también pueden ser normales incluso con esteatosis presente.
  • Elastografía hepática (FibroScan), un estudio no invasivo que estima el grado de fibrosis (cicatrización) del hígado, cuando hace falta precisar el estadio.

La buena noticia: es reversible

A diferencia de otras condiciones hepáticas crónicas, el hígado graso en etapas tempranas tiene una capacidad real de reversión con cambios de estilo de vida. Un estudio de referencia mostró que una pérdida de peso del 7-10% se asocia con una mejora significativa —y en muchos casos resolución— de la esteatosis y, en un subgrupo relevante, también de la fibrosis (Vilar-Gómez et al., 2015).

Qué mueve la aguja

  • Pérdida de peso gradual y sostenida, cuando corresponde según cada caso — no se trata de una dieta drástica, que puede incluso empeorar la función hepática en el corto plazo.
  • Reducir azúcares refinados y fructosa de alta concentración, con un rol particularmente estudiado en la acumulación de grasa hepática.
  • Actividad física regular, con beneficio sobre la grasa hepática incluso sin una baja de peso marcada.
  • Revisar el consumo de alcohol, que puede sumar daño hepático adicional incluso en cantidades que no se consideran "de riesgo" en otros contextos.

En 2024 se aprobó en Estados Unidos el primer fármaco específico para una forma más avanzada de la enfermedad (esteatohepatitis con fibrosis), lo que refleja que el interés médico y la investigación en esta área vienen creciendo — pero para la gran mayoría de los casos detectados de forma temprana, el estilo de vida sigue siendo la intervención de primera línea con más respaldo.

Referencias

  • Rinella, M. E. et al. (2023). A multisociety Delphi consensus statement on new fatty liver disease nomenclature. Hepatology, 78(6), 1966-1986.
  • Vilar-Gomez, E. et al. (2015). Weight loss through lifestyle modification significantly reduces features of nonalcoholic steatohepatitis. Gastroenterology, 149(2), 367-378.

Este contenido tiene fines educativos y no reemplaza la consulta médica ni el seguimiento con hepatología cuando corresponde. Si te detectaron hígado graso en una ecografía, conocé cómo se aborda la resistencia a la insulina o consultá con la Dra. Sidders.