El SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth, o sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado) es una de las causas más subdiagnosticadas de los síntomas digestivos crónicos. Se calcula que una proporción importante de las personas con diagnóstico de intestino irritable tienen, en realidad, un SIBO de fondo que nunca se buscó (Ghoshal, 2017; Pimentel et al., 2020).
¿Qué es exactamente el SIBO?
El intestino delgado normalmente aloja mucha menos cantidad de bacterias que el colon. Cuando esa población bacteriana crece de más o se desplaza hacia el intestino delgado, empieza a fermentar los alimentos —sobre todo hidratos de carbono— antes de que puedan ser absorbidos correctamente. Esa fermentación temprana genera gas (hidrógeno, metano o ambos), y ese gas es el responsable de gran parte de los síntomas.
Síntomas más frecuentes
- Hinchazón y distensión abdominal, típicamente peor a medida que avanza el día.
- Gases excesivos, con o sin olor marcado.
- Dolor o molestia abdominal, sobre todo después de comer.
- Alteraciones del tránsito: diarrea (más asociada al hidrógeno), constipación (más asociada al metano, lo que hoy se describe como sobrecrecimiento con producción de metano o IMO) o alternancia entre ambas.
- Sensación de saciedad precoz o malestar con comidas que antes se toleraban bien.
- En cuadros más prolongados, déficits nutricionales (hierro, vitamina B12, vitaminas liposolubles) por la interferencia en la absorción intestinal.
Este cuadro se superpone tanto con el intestino irritable que buena parte de la evidencia actual lo describe como una posible causa subyacente en un subgrupo relevante de pacientes con SII, especialmente el de predominio diarreico (Pimentel et al., 2020).
Cómo se diagnostica de verdad
El diagnóstico no se hace "por síntomas" ni por eliminación de alimentos: existe un estudio específico, el test de aire espirado (breath test) con lactulosa o glucosa, que mide el hidrógeno y el metano exhalado después de tomar una solución de azúcar. Picos anormales en las primeras horas sugieren fermentación bacteriana en el intestino delgado.
Es un estudio con limitaciones —falsos positivos y negativos existen, y la interpretación de los puntos de corte todavía genera debate en la literatura (Rezaie et al., 2017)— por lo que el resultado siempre se analiza junto con la clínica, no de forma aislada. En 2025 se publicó en la Revista de Gastroenterología de México un consenso argentino elaborado con metodología RAND/UCLA sobre la utilidad clínica de las pruebas de aire espirado y el manejo del sobrecrecimiento bacteriano en pacientes con trastornos de la interacción intestino-cerebro, que ordena buena parte de estos criterios para la práctica local.
Por qué el SIBO recae tanto
Uno de los puntos que más frustra a quienes lo atraviesan es que, incluso después de un tratamiento correcto, el SIBO recae en un porcentaje considerable de los casos dentro del primer año (Lin & Pimentel, 2017). Esto ocurre porque tratar el sobrecrecimiento sin abordar la causa que lo generó es, en muchos casos, tratar un síntoma y no el origen del problema. Entre las causas de fondo más frecuentes:
- Motilidad intestinal alterada: el complejo motor migratorio (las "olas de limpieza" del intestino delgado entre comidas) puede estar enlentecido por estrés crónico, cirugías previas, hipotiroidismo o diabetes.
- Adherencias o alteraciones anatómicas post-quirúrgicas.
- Uso prolongado de inhibidores de la bomba de protones, que reducen la acidez gástrica —una de las barreras naturales contra el sobrecrecimiento bacteriano.
- Hipotiroidismo no tratado o mal controlado, que enlentece el tránsito intestinal.
- Antecedente de gastroenteritis o intoxicación alimentaria, que puede dañar las células nerviosas que regulan la motilidad (SIBO post-infeccioso).
El abordaje funcional: más allá del antibiótico
El tratamiento inicial suele apoyarse en antibióticos específicos (como rifaximina, sola o combinada según el tipo de gas predominante) o, en algunos protocolos, antimicrobianos herbarios bajo supervisión médica. Pero limitarse a "matar bacterias" sin revisar por qué se generó el sobrecrecimiento explica buena parte de las recaídas.
Por eso, el abordaje funcional del SIBO apunta a trabajar en simultáneo sobre:
- El tratamiento del episodio agudo, coordinado con gastroenterología cuando corresponda.
- La motilidad intestinal a mediano plazo (proquinéticos, espaciado de comidas, manejo del estrés).
- Las causas de base: función tiroidea, uso de medicación que enlentece el tránsito, antecedentes quirúrgicos.
- La reintroducción gradual de alimentos, evitando quedar años en dietas muy restrictivas tipo bajas en FODMAP sin necesidad real.
"El manejo del SIBO requiere una estrategia escalonada que combine la erradicación bacteriana con la corrección de los factores predisponentes, ya que tratar únicamente el sobrecrecimiento sin abordar su causa se asocia a tasas de recurrencia elevadas" (Pimentel et al., 2020).
Referencias
- Pimentel, M. et al. (2020). ACG Clinical Guideline: Small Intestinal Bacterial Overgrowth. American Journal of Gastroenterology, 115(2), 165-178.
- Ghoshal, U. C. (2017). How to interpret hydrogen breath tests. Journal of Neurogastroenterology and Motility, 17(3), 312-317.
- Rezaie, A. et al. (2017). Hydrogen and methane-based breath testing in gastrointestinal disorders: the North American Consensus. American Journal of Gastroenterology, 112(5), 775-784.
- Lin, H. C., & Pimentel, M. (2017). Bacterial overgrowth and irritable bowel syndrome: recent insights and future directions. Current Gastroenterology Reports, 19(11), 56.
- Consenso argentino sobre la utilidad clínica de las pruebas de aire espirado y manejo del sobrecrecimiento microbiano intestinal en pacientes con trastornos de la interacción intestino-cerebro (2025). Revista de Gastroenterología de México.
Este contenido tiene fines educativos y no reemplaza la consulta médica. Si convivís con hinchazón, gases o cambios en el tránsito que no mejoran, conocé cómo se aborda el intestino irritable desde la medicina funcional o consultá con la Dra. Sidders.